No voy a volver la vista atrás hoy, ni mucho menos. Me ha quedado muy claro que el pasado nada tiene que ver con el presente, y que muchas personas que prometieron que "Cuando lo necesites aquí estoy" están dejando que esas palabras se las lleve el viento. En cierto modo, pienso y veo como mientras nos vamos haciendo mayores, cada vez nos importa más nosotros mismos y que a estas edades, ya no existen casi personas que se dediquen a los demás totalmente. Eso, en parte es bueno, es hora de ir labrando nuestro futuro hasta conseguir cumplir nuestro sueño personal y no dejar que nadie se interponga en él, aunque nos cueste un par de baches en el camino. Pero por otra parte, es malo. Cuando empiezas a preocuparte nada más que de ti, las personas olvidamos que el prójimo reclama nuestra ayuda y volvemos nuestros oídos sordos ante cualquier reclamo. Así que, ahora que vamos creciendo, debemos tomar un poco de conciencia de nuestra madurez y de cómo equilibrar nuestra vida.
Si ahora vamos al campo personal, hablando de mí, diría que he aprendido a que me importe más lo que yo soy, lo que yo quiero, lo que yo anhelo, que lo que los demás pretenden hacer que me guste o que sea. Nunca renunciaré a lo que soy, jamás y, puedo parecer pesada (aunque si lo fuera no estaríais leyendo mi blog, la verdad), pero vuelvo otra vez a lo que me pasó a mediados de este curso que marcó un antes y un después en mi vida. Sufrir eso me hizo pensar que hay personas que solo quieren el mal para ti, y que te exigen tanto que llegas a un punto de exigencia tan elevado que explotas totalmente. Desde entonces, solo piensas en poder hacerle lo mismo a la persona que te ha hecho eso. Pero no puedes. No puedes hacerlo porque ya sabes lo que se siente, porque solo esperas que nadie sienta lo mismo que has sentido tú. Pero por otro lado piensas que por culpa de esas exigencias te han robado lo que tú eres, lo que tú sientes, tus expectativas en la vida y quieres que esa persona sienta lo mismo. Ahí es donde hablo de crecer y de saber diferenciar entre dedicarse a los demás y dedicarse a uno mismo. Está en la naturaleza del ser humano herirse los unos a los otros, pero también está en nuestra propia naturaleza defendernos cuando la razón está de nuestra parte.
Con esto, quiero decir que a día de hoy, tengo una lucha constante con mi interior y solo os pido que nunca dejéis que nadie os coma el coco, porque solo conseguiréis dolor y angustia. Y si os pasa, agarraos a vuestros seres más queridos y más verdaderos, porque si aquel que te hace sufrir ni siquiera se preocupa por ti, no te preocupes por él/ella.
Tened buen verano, amigos bloggeros.
Mente sana en cuerpo sano.
Bea Smiles <3